Un violador anda suelto en Tucumán. Es amo y señor de caminar libremente por dónde le plazca. Fue condenado por la Justicia, pero nunca fue a la cárcel. Tal cual como lo está leyendo: nunca llegó a la prisión. Todo comenzó a fines del año 2000 en un pequeño club deportivo de un pueblo llamado Villa de Leales. El agresor era un profesor de folclore y tenía 24 años en aquel entonces, cuando encerró en una pieza a tres niñas, de entre 10 y 11 años, para someterlas impunemente. Su nombre es José Alberto López, y actualmente tiene 36 años.
Decir que la Justicia fue lenta, suena a algo abstracto, casi imperceptible. Es preferible hablar de jueces lentos (hombres de carne y hueso con responsabilidades y culpas), que fueron extremadamente lentos. Al final, el violador le ganó la pulseada no sólo a la Justicia, sino a las víctimas, a los padres de las niñas y a toda la sociedad. Quedó comprobado que López violó a las tres niñas, pero la discusión se centró en si hubo o no acceso carnal. Durante el juicio, el fiscal Daniel Marranzino lo había acusado por "abuso sexual simple" y pidió siete años de prisión. En cambio, la representante de la querella, Mónica González de Escobedo no estaba de acuerdo y pretendía una condena más amplia.
Al momento de las decisiones, los jueces Carlos Ernesto Norry, Julio Armando Espíndola Aráoz y Pedro Roldán Vázquez coincidieron con el pedido del fiscal Marranzino y resolvieron condenar al violador José Alberto López a siete años de prisión. La sentencia no estaba firme y Gustavo Morales, abogado defensor del violador, tuvo una idea genial (era su deber defenderlo). Planteó que se dejara sin efecto la condena, porque la causa había prescripto. Es decir, que habían pasado más de cuatro años desde la citación a juicio (8 de junio de 2005) hasta que los jueces dictaron la sentencia (12 de agosto de 2009) contra López.
Habían pasado cuatro años y dos meses y el abogado Morales lo aprovechó al máximo para hacer caer la condena contra su cliente. Los jueces de la Corte Suprema de Justicia, Antonio Estofán, Antonio Gandur y Daniel Posse le dieron la razón al abogado defensor y todo se derrumbó.
Podrán cuestionar la actitud del defensor legal, pero ese era su rol. Podrán criticar a los jueces de la Corte Suprema, pero ellos respetaron la ley. Lo que se cuestiona es por qué pasó tanto tiempo entre la citación al juicio y la concreción del proceso. Lo más grave fue que el profesor de folclore no sólo no tuvo condena, sino que tampoco vivió una etapa de reinserción. El caso ni siquiera contará como antecedente penal, porque fue sobreseído.
El otro López
Esta semana se conoció otro caso grave, pero a la inversa. Un chofer de taxi había sido detenido el 21 de septiembre en un operativo a plena luz del día en 24 de Septiembre y 25 de Mayo acusado de ser un violador. El conductor fue bajado del auto, lo esposaron, le cubrieron el rostro y se lo llevaron detenido.
Julio Antonio López, de 44 años, pasó 41 días de martirio en un calabozo. Pero fue un error. Lo confundieron. El verdadero violador era otro. El chofer quedó libre, pero todavía sufre las consecuencias por haber estado encerrado como un delincuente. Sufrió la condena social, pero era inocente. Todavía hay noches en las que no puede dormir y ni siquiera le devolvieron el teléfono celular.
Dos López. Uno es violador y el otro no. López malo y López bueno. El malo nunca fue a la cárcel; el bueno estuvo en un calabozo. Así de mal funcionan algunas cosas en Tucumán. Y de estas cosas nadie se hace cargo...